La lectura es una actividad compleja que implica mucho más que descifrar signos escritos; es un proceso activo, dinámico e interpretativo en el que el lector construye significado a partir del texto, conectando lo leído con su conocimiento previo, sus esquemas mentales y el contexto en el que se encuentra.
Según González (2009), “la lectura es un proceso interactivo mediante el cual se deduce información de manera simultánea de varios niveles, integrando al mismo tiempo información grafofónica, morfémica, semántica, sintáctica, pragmática, esquemática e interpretativa” (p. 288). Esto significa que leer no solo implica reconocer palabras, también comprenderlas profundamente, analizarlas críticamente y relacionarlas con otros saberes. En consecuencia, la lectura es una herramienta esencial para el aprendizaje significativo, el desarrollo del pensamiento crítico y la participación activa en la sociedad del conocimiento.

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