La lectura constituye un proceso mediante el cual interpretamos y comprendemos mensajes escritos. Este proceso requiere identificar y descifrar signos lingüísticos principalmente letras y palabras plasmados en algún tipo de medio, aunque habitualmente leemos con los ojos, existen métodos alternativos como el braille que permiten acceder a la información escrita mediante otros sentidos.
No se conoce con certeza el surgimiento exacto de la lectura, pero indudablemente está vinculado a la aparición de la escritura, siendo ambas independientes. Los registros escritos más antiguos que se han encontrado proceden de la antigua Mesopotamia (aproximadamente 4000 A.C), consistentes en tablillas de barro con inscripciones cuneiformes. (Farias, 2024)
A través de los siglos se desarrollaron diversos sistemas de escritura y lectura, incluyendo los jeroglíficos egipcios, los ideogramas chinos y varios alfabetos. Estos sistemas facilitan la creación de múltiples formas de comunicación escrita, desde simples mensajes hasta la literatura y documentos oficiales. Sin embargo, durante mucho tiempo la capacidad de leer no fue universal, sino un privilegio limitado principalmente a clases sacerdotales o aristocráticas.
La actividad lectora aporta considerables ventajas personales que abarcan desde facilitar el aprendizaje y enriquecer la sensibilidad, hasta mejorar las habilidades comunicativas y la integración sociocultural. Existe una relación inseparable entre lectura y escritura, pues funcionan como procesos complementarios fundamentales para el desarrollo cultural desde tiempos remotos.

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